La noche de los Nahuales ‖ Benjamín M. Ramírez

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Un triste y gris gobernador y un presidente que brinda resultados.

El sábado pasado no tuve la oportunidad de asistir al evento convocado por el presidente de la República para celebrar los resultados obtenidos a raíz de las negociaciones ante el gobierno de los Estados Unidos de América y la no aplicación de aranceles del 5% a las exportaciones de los productos mexicanos. Actividades académicas me lo impidieron.

Muy morondo me dirigí a la ciudad de Ensenada —antes de ello fui al aeropuerto para recibir a unos amigos migrantes— para evitar contratiempos y evadir las peripecias propias del tráfico, opté por circular sobre la autopista. Sorpresa esperada, en la primera caseta ubicada en Playas de Rosarito las plumas estaban levantadas, individuos que aseguran ayudar a personas con capacidades diferentes las tenían tomadas.

La situación anterior no me alegró porque sé con seguridad que en caso de accidente u otro contratiempo no existe manera alguna para reclamar el seguro. —No pasa nada. —Pensé. Sucedió lo todo contrario.

Circulaba en mi vehículo con la tranquilidad que da la certeza de que todo marcha sobre ruedas. A menos de 13 kilómetros de la caseta de cobro ubicada en la ciudad de Ensenada mi automóvil empezó a registrar un ascenso vertiginoso en la temperatura, situación que me alarmó y me obligó a detenerme en el poco espacio que sirve de acotamiento a orillas de la carpeta asfáltica.

Sabedor de que no poseía el recibo de cobro por parte de la autopista me tranquilizó el hecho de gozar del  servicio de seguro que me brinda el arrastre de grúa en cualquier situación o lugar en el que me encuentre. La desventaja, la ubicación y el desconocimiento del sitio en el que me detuve.

Con la certeza de que el servicio de grúa tardaría horas en llegar, intenté revisar las fallas de mi auto, siendo neófito en el tema me costaría dar con la avería y por consiguiente intentar su reparación. Pero la necesidad te obliga a ser creativo. Entonces dije, manos a la obra.

Ni tardo ni perezoso revisé el depósito del agua. El radiador amenazaba con explotar volviendo esta situación caótica —pero se— en algo más grave, provocando daños más graves al motor. La cuestión es que por arte de magia el tapón del radiador salió disparado sin fijarme con  certidumbre sobre su paradero.

Revisé los niveles de agua, los posibles daños al radiador y observé sólo que tenía que rellenar el agua que se derramó por el sobrecalentamiento para posteriormente iniciar una búsqueda frenética del tapón perdido.

El seguro de grúas tardaba en contestar y manifestaba que estaba buscando a un proveedor. En medio de la nada, constituyéndome con mi vehículo en un peligro para los demás conductores, reinicié una y mil veces la búsqueda en los posibles paraderos del tapón extraviado.

Tenía la convicción de que se encontraba entre el enmarañado de cables del motor y que probablemente si no se encontraba a la vista podría estar en un lugar más recóndito, demasiado oculto. Afortunadamente di con él. Lo que constituyó una alegría ante mi falta de esperanza y de fe.

Pregunté a mi copiloto si podríamos aventurarnos a llegar a la caseta de cobro. Me aseguró que no tenía ningún inconveniente y que estaría atento ante cualquier emergencia. Afortunadamente la situación no pasó a mayores. Llegué sin ningún contratiempo al puerto de Ensenada para cumplir con los compromisos académicos asumidos, cinco minutos antes de la hora establecida en la agenda.

El problema sería el regreso. Después de la avería recorrimos menos de 30 kilómetros. Volver a casa triplicaría la distancia.

Todo iba normal. Cumplimos con los tiempos asignados. Evitamos la hora de comida con la finalidad de retornar a Tijuana aprovechando la luz del día. Si se presentara otra falla mecánica en la noche la situación sería más difícil de resolver con los peligros propios que se presentan en este tipo de situaciones.

Con el pendiente de que volviera a presentarse, aún con el servicio de revisión sobre posibles averías, regresaba a Tijuana con el Jesús en la boca y con la desazón de no haber asistido a la asamblea de la dignidad convocado por el titular del poder ejecutivo federal.

Y una vez más, las casetas de peaje estaban tomadas. En todo el recorrido de Tijuana a Ensenada y el retorno no cubrí ningún tipo de cuota. Lo que, desde mi situación muy particular, me volvía vulnerable, puesto que no contaba con la asistencia de ningún tipo de auxilio, tanto por parte de la SCT o del privado que tengo contratado —por cierto no volvieron a contactarme sino después de 3 horas de haber solicitado el auxilio vial—.

¿Qué pasaría en caso de que algún conductor pudiera sufrir algún percance, por sí o por otros o alguna causa fortuita? ¿Habría alguna responsabilidad civil en caso de siniestro atribuible a la SCT o el conductor estaría en pleno desamparo? ¿Habrá alguna autoridad que ponga orden en contra de quienes exponen la seguridad de los que transitan por la autopista de cuota? ¿Se encuentra en todo orden y bajo un marco legal la toma de las casetas aún sea justificable la causa que las motiva?

Ayer correspondió a un servidor estar desamparado, aún por el propio seguro privado que pago mes con mes. No imagino la situación de vulnerabilidad de quienes transitan sin la garantía de seguridad que te brinda un simple recibo de peaje.

Volviendo al asunto central de esta entrega, muy triste se encuentra el primer panista del estado de Baja California en virtud de que él y su partido perdieron las elecciones del 2 de junio pasado y que por lo tanto deja en la orfandad a propios y extraños. Ya no se podrán servir con la cuchara grande ni dejar al estado en la situación financiera en la que se encuentra.

El primer panista del estado, el primer responsable de la debacle, el primero que tiene que responder por el daño al erario público. Aunque el asegura que duerme bien y tiene la conciencia tranquila.

Mientras Kiko Vega se dice triste, puedo ver la sonrisa de satisfacción del deber cumplido en el rostro del titular del poder ejecutivo federal. El presidente de la república disfrutó la no aplicación de aranceles a las exportaciones nacionales con lo que se disipa una oleada de daños a la economía del país, así como las secuelas que provocaría en las demás economías emergentes. La alegría de Andrés Manuel López Obrador contrasta con el coraje de sus detractores que esperan ansiosos la debacle del país.

La convocatoria del presidente de la república fue lanzada a todos los ciudadanos, pero los integrantes del poder judicial le dijeron no. No. Por los conflictos de intereses. No. En apelación a la autonomía y división de poderes. Lo que sí es seguro es que dijeron no por la rechifla anticipada de los ciudadanos que ven en los impartidores de justicia a las aves rapaces que se ceban con quienes tienen la desgracia de ser sujetos de sus decisiones.

No. Señores, ministros.

Para saludar al pueblo se debe tener dignidad del deber cumplido a cabalidad.

Un pueblo que merece tener jueces como Salomón, como Nathan, en suma, como Daniel [Daniel 13, 46 – 49] debe ser saludado con la frente en alto. Con la fuerza que brinda la honradez, la sabiduría y la justicia.

Hoy celebro dos años de ocupar el espacio que me brinda este portal. Felicito a quienes encabezan a www.tijuanaenlinea.com, a www.pulsociudano.mx , a www.laverdadenlared.com.mx, al portal Voz del Sur, https://www.facebook.com/VozDelSurOficial/ porque me brindan con cada lunes, en cada semana, en estos dos primeros años, la oportunidad de acercarme a mis dos asiduos lectores.

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